1988.- Unión y constancia tuvieron su recompensa

La inauguración el 29 de diciembre de 1988 de un apeadero en la línea de Metrovalencia que continua hasta Villanueva de Castellón, fue el mejor regalo anticipado de Reyes para los 7.400 vecinos del barrio San Isidro, en el sur de la ciudad de València.

 

Fue la recompensa a la unión y constancia de sus habitantes que conjuntamente con su Asociación de Vecinos reclamaron la estación cuando el Ministerio de Fomento estudió y posteriormente construyó los tramos de túneles que tras unirlos entre las estaciones de Plaza España y Jesús conformaron el enlace de las líneas de Bétera y Llíria en la zona norte con el ferrocarril que por el sur continua por la Ribera Alta hasta Villanueva de Castellón.

 

De las ocho estaciones de la obra, la de Beniferri, quedó en un descampado que paulatinamente fue ocupado por la expansión urbana del cap i casal, y la de Soriano la ubicaron al norte del apeadero que daba servicio a los empleados y visitantes a una gran fábrica de lámparas, olvidándose del barrio San Isidro, en cuya cercanía existía un apeadero desde 1950 en sustitución del antiguo denominado Cementerio, porque facilitaba la llegada a la necrópolis principal de la ciudad. Estudios a distancia sin tener en cuenta la realidad urbana, como tampoco la tuvieron cuando ejecutaron el enlace de Adif donde no hicieron caso de la propuesta de aquí que minimizaba el impacto de transbordo y necesitaba menos ascensores.  

 

Desde 1984 las reclamaciones fueron constantes, y el 8 de octubre de 1988 los vecinos recibieron con huevos y tomates al tren inaugural, que tras recorrer el túnel había llegado hasta allí para cambiar de vía y volver a la estación Plaza Espanya donde realizaron los actos institucionales, para manifestar al ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones, José Barrionuevo, y acompañantes, la indignación por el ninguneo ministerial.

 

El Presidente Joan Lerma y otros miembros del Gobierno Valenciano aguantaron el “bombardeo” para que se enterara el representante gubernamental, el día 11 el Conseller de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes, Rafael Blasco, le dijo a la Asociación que lo estaban estudiando, y tres días después les informó que habían dado las órdenes para construir el apeadero. Tal rapidez tenía su explicación, ya que ante la negativa ministerial, que aludió exceso de declive para no incluir el apeadero en el proyecto, esperaron que les cedieran lo realizado y comenzara el servicio para publicitar que Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) había acordado con la empresa constructora que dejara un tramo horizontal de 65 metros de longitud en la parte más cercana al barrio para facilitar la ejecución del apeadero. Lo realizaron con tal celeridad, pero pagando aquí el coste de 50 millones de pesetas, que los vecinos pudieron utilizar el metro antes que finalizara el año 1988.

Ahora es un barrio con 9.891 vecinos, bien comunicado, ya que además del metro, con doce trenes por hora y sentido los días laborables y menos sábados y festivos, hay dos líneas de la EMT.

 

El año pasado fueron registrados 389.375 viajeros, con similar cantidad de llegados. Cifra con ligeros altibajos anuales en los que ha ido influyendo el paro, el poder adquisitivo para desplazamientos de compras y la variación de los destinos lectivos.

 

Reclamación de la estación que la Asociación Valenciana de Amigos del Ferrocarril apoyó en la medida de sus posibilidades, ya que consideró que tenían razón los vecinos y su asociación en lo que pedían.

 

Apeadero que aumentó su importancia cuando Adif acercó, pero no como se pidió aquí, su apeadero Vara de Quart, que rebautizó Sant Isidre, y más cuando hubo transbordo obligado para los viajeros de las líneas C-3 y C-4 de Renfe, entre la supresión en el 2008 del tramo hasta la Estación de Norte para facilitar el acceso a la línea de alta velocidad y siete años después la restitución de la llegada céntrica, previo cambio de sentido de circulación en Fuente San Luis.

 

Un barrio donde reclaman soterramientos de vías, principalmente para sustituir la gran barrera del terraplén por cuya cumbre circulan los trenes de Renfe de las mencionadas líneas desde 1969, ya que, al parecer, consideraron en el Ministerio de Obras Públicas que era demasiada inversión para aquí hacer un viaducto.

 

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Autor: Esteban Gonzalo Rogel

Secretario de Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores de Turismo (AVPYETUR)

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