PREJUICIOS, MENTIRAS Y DOBLE RASERO

Cristina Cifuentes (De PP Comunidad de Madrid - Moción de Censura en la Asamblea de Madrid, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=68122689)
26/04/2018
Columnista: 

A contracorriente

Estamos tan condicionados por nuestros prejuicios que acabamos creyéndolos. Por ejemplo, en el caso de Cristina Cifuentes.

La idea de toda la oposición —y hasta de una parte de su propio partido— era cargársela. Y ya está. Pero en el fondo de muchos ánimos estaba también el derribar al PP antes de unas elecciones que a ellos les podrían resultar adversas. O sea, que mucho decir que los electores decidan, pero luego preferimos un golpe de palacio a las urnas.

No digo que sea hipocresía, sino convicción que lo nuestro es demócrata y lo de los demás, autoritario. Se debe a que medimos las cosas con distinto rasero; y no necesariamente por maldad, sino por autoengaño.

Sucede lo mismo con la defensa de la intimidad: cualquier exposición de la nuestra o la de nuestros amigos es un delito que debe ser perseguido y, en cambio, los vídeos ajenos —que algunos deberían estar borrados a los tres meses, como el de Cristina Cifuentes— un ejemplo de transparencia.

Por eso, también, ciertos conductores televisivos, en un ejercicio de doble moral, permiten que los políticos —sobre todo, los de Podemos— se explayen a su gusto con meras soflamas ideológicas sin ser molestados y, en cambio, interrumpen cualquier explicación coherente de sus adversarios.

No se trata de maldad, insisto, sino de autoengaño. Es lo mismo de la ANC independentista que, en su último libro, dice que Franco prohibió el catalán y las sardanas. Y yo doy fe que siendo profesor de varios centros en Barcelona de 1969 a 1972, el 95% de los docentes impartían las clases en catalán.

Y es que, simplemente, no hay peor mentira que la que no se quiere ver.

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